Google+

sábado, 30 de junio de 2012

Las rabietas: qué son y cómo manejarlas


 Qué son las rabietas.
Las rabietas son una forma de expresión emocional
frecuente en los niños, para demostrar su ira, enfado y/
o frustración ante los límites que encuentran al intentar
desplegar su voluntad.

Son un fenómeno normal a los 2-3 años y van
desapareciendo con el crecimiento, de modo que, a los 5
ó 6 años, los niños han desarrollado otras habilidades que
les permiten prescindir de ellas.

Físicamente, consisten en episodios de unos minutos
de duración, durante los que el niño llora, grita, se
congestiona, patalea, propina golpes a todo lo que esté a
su alcance, pudiendo, incluso, llegar a dañarse a sí mismo
(golpeándose la cabeza, arañándose, etc.) o a los demás.

También puede insultar y decir palabrotas.

 Origen de las rabietas.
Alrededor del segundo año, empieza lo que los americanos
llaman “los terribles dos”. Es la época que aparece el “mío”,
“solo” y “no quiero”.

El niño comienza a mostrar autoafirmación y deseos de
independencia con falta de lenguaje. Estos deseos chocan,
en ocasiones, con la intervención de los adultos, bien
porque haya que ponerles límite, bien porque no es pertinente
en ese momento darle lo que quiere. La frustración
que esto genera y la dificultad que el niño tiene para expresarlo
con palabras, puede desembocar en el enfado
y/o la rabieta. Los niños pequeños expresan casi todo con
el cuerpo.

Por otra parte, en la edad de aparición de las rabietas,
los niños no distinguen aún lo que está bien de lo que
está mal. Las normas que regulan la convivencia no las
tienen incorporadas y no sirven de moderadoras de sus
impulsos.

Hay además una serie de factores educativos que
facilitan la aparición de las rabietas: la incongruencia en
la educación (que los padres digan cosas diferentes entre
ellos o según el día y la hora) y la falta de limites o normas,
que recompensan la rabieta, al darle lo que quiere para
que se calle. Finalmente factores como el sueño, el hambre
o el cansancio también las favorecen

 Cómo manejar las rabietas.
Es importante tener claro que las rabietas forman parte
del desarrollo normal de los niños pequeños. Sabiendo
esto, hay que trabajarse el ser padres. Los que marcan la
pauta deben ser los adultos que son quienes tienen el rol
de educar. Dar amor no significa maleducar. Todo lo contrario.

El “no” ayuda a crecer.
Educar consiste en ser capaz de retrasar la gratificación y
enseñar al niño que vivimos en sociedad, con unas normas
que facilitan la convivencia. Las normas o límites,
además de pocos, deben ser claros (en el lenguaje que
el niño entienda) y precisos (“recoge los juguetes”, en vez
de “me gustaría que recogieras los juguetes”). Además
deben ser congruentes y consensuados por los adultos
responsables y no cambiar según el cansancio o el ánimo
de los padres.

El primer paso ante una rabieta debe ser no ceder y
mantenerse sereno. Ese “no” debe ser firme e irrevocable,
a pesar del enfado, el llanto y el pataleo ya que, en caso
contrario, el niño habrá encontrado la clave para conseguir
todo lo que desee. Si se cede unas veces y otras no, el
niño se confunde y no acaba de entender cual es la forma
correcta de actuar ya que no hay directrices claras.
Durante la rabieta es común que el niño pierda el control,
pudiendo llegar a golpearse o a hacerse daño con algún
objeto cercano. Por esa razón es importante retirar de su
alcance cualquier elemento peligroso y a veces sujetarle
con firmeza. 

Es importante que el niño no detecte
angustia ni miedo en los padres porque sabrá entonces lo
que tiene que hacer para manipularlos. Los padres tienen
que mostrar tranquilidad (no enfado) y firmeza.

Una vez que el niño se ha dado cuenta que su deseo no va
a ser concedido, el siguiente paso es ignorar su conducta.

Esto supone eliminar cualquier contacto con él, ya sea
visual, físico o verbal. Se puede usar también el “tiempo
fuera”. Consiste en apartar al niño de la situación que
provoca la rabieta hacia un lugar neutro donde no reciba
refuerzos ni estímulos (televisión, cuentos...), ni pueda
jugar. Únicamente se ha de explicar que va a estar apartado
unos minutos, dado que su actitud no es correcta y
después continuará lo que estaba haciendo. Se le deja ahí
durante un minuto, por año de edad.

La retirada de atención debe mantenerse desde que comienza
el enfado hasta que termina, momento en el que
se establece contacto de nuevo.

 Esto logra extinguir la
conducta.

Puede ocurrir que en los primeros días se produzca un
incremento en el número, intensidad o duración de las rabietas.
Incluso pueden aparecer otras conductas negativas.

Esto supone que el niño es consciente del cambio en
su entorno; por eso es importante mantenerse inflexible
y no ceder. Lo habitual es que si esto se aplica, las rabietas
van desapareciendo.

Para que funcionen los procedimientos de extinción es
necesario reforzar todas las conductas positivas que
se producen fuera de la rabietas. De este modo los niños
aprenden cuál es la manera correcta de formular sus peticiones
y el modo apropiado de comportarse en determinadas
situaciones difíciles.

Si las rabietas no desaparecen con la edad, o son
inmanejables, se puede consultar con el pediatra o con
el pedagogo.

Bibliografía.

1. LARROY C., DE LA PUENTE M. L. El niño desobediente:
estrategias para su control. Ediciones Pirámide. 2001.
2. EASTMAN M., CRAFT ROZEN S. Enfados y rabietas:
consejos para lograr la armonía familiar.